Saber identificar los signos de alerta, como la forma irregular de respirar, puede salvar la vida de tu hijo o hija. Un ejemplo es, el caso de Donovan Hernández quien, gracias a que su abuela notó esta irregularidad, pudo ser atendido a tiempo y ser beneficiario del Programa Kardias.

“Tenía incertidumbre de lo que sucedería, pero desde que llegamos, todo el equipo nos recibió con amabilidad y paciencia, lo que nos ayudó a quedarnos tranquilos”.

Ma. Consuelo, abuela de Donovan.

Donovan cumplirá tres años en julio. La gente que lo conoce desde antes de su cirugía, lo ve ahora y no cree que tenga esa edad. “Se ve más grande” dice María Consuelo, abuela de este pequeño que, aunque todavía no va a la escuela, ya se sabe de memoria los números y los colores, algunos incluso en inglés.

Cuando Donovan nació, no se le detectó ninguna anomalía pero su abuela había notado desde el principio que respiraba de forma extraña (después sabría que este es un signo de alerta) sin embargo, los médicos del hospital donde nació le dijeron que era algo normal.

Cuando tenía un año, Donovan se enfermó del estómago y su abuela lo llevó al hospital nuevamente. Ma. Consuelo aprovecha para mencionar a la doctora en turno que lo atiende su preocupación por la forma irregular que el pequeño tiene de respirar, un importante signo de alerta. Ella pidió a otros médicos que lo examinaran.

Tras varios exámenes, se determinó que Donovan tenía dos orificios en su corazón que eran necesario corregir. Por el nivel de complejidad, no podía ser atendido en ese lugar y fue canalizado al Centro Pediátrico de Azcapotzalco, hospital que decide referenciar el caso al Centro Médico ABC, a través de Kardias.

El proceso de tratamiento

Cuando Donovan y su familia llegan al centro, los invadieron las dudas pues, como Ma. Consuelo  lo dice, la incertidumbre de no saber si todo saldrá bien es una constante. Sin embargo, el equipo de enfermeras y médicos de Kardias, al igual que otros papás y mamás que tenían a sus hijos en recuperación, alentaban a María Consuelo y le aseguraban que su nieto estaba ya en las mejores manos. 

Gracias al acompañamiento que recibieron, desde el proceso de evaluación hasta el alta, los miedos de Consuelo y su esposo se desvanecieron. El propio cirujano, tras el procedimiento correctivo, avisó a la familia del pequeño que todo había sido un éxito. “Las enfermeras estaban dedicadas solo a Donovan”, recuerda su abuela.

Cinco días después de la cirugía, Donovan salió caminando del hospital, era “un niño nuevo”. Creció de manera casi inmediata, subió de peso y ya no le costaba respirar. Además, “lo primero que hizo llegando a casa, fue subirse a su triciclo y jugar con él. Ahora no hay quien lo baje”, relata su abuela.

Ahora, Donovan ama el fútbol y están a esperando a que el doctor le dé permiso de correr para empezar a jugar. Mientras eso ocurre, seguirá jugando con sus juguetes de Rayo Mc Queen y disfrutando de las verduras, su comida favorita.

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